Mayor atención a la vaca incidió en porcentajes de preñez

El integrante de la Federación Rural, Carlos María Uriarte sostuvo que los datos de preñez que
arrojó el Taller están muy cerca del promedio histórico, lo que quiere decir que “el impacto
que preveíamos que podía tener la sequía no fue tal, lo que nos augura una continuidad en el
esquema productivo que ha tenido el país”. Si bien sostuvo que hay que lograr que esos
números se consoliden en terneros, eso implicaría lograr una cifra muy similar al año anterior
de 1.7 millones de animales. Además, con estos datos también se diluyen los “nubarrones que
veíamos por la alta extracción de la exportación de terneros en pie”.
Uriarte agregó que esto “refleja cambios que se están viendo en el sector de la cría en cuanto a
la atención y el cuidado de la vaca, y el interés por producir más terneros”. A su entender, los
productores deberían acostumbrarse a manejar vacas en buen estado, como se manejan en las
principales ganaderías del mundo, sin limitantes para que efectivamente se preñen y den un
ternero por año. “El Uruguay está lejos de eso. El objetivo que deberíamos tener es un ternero
por vaca por año y el porcentaje de parición ronda el 60%. Esto que pasó ahora refleja un
cambio. Este alto porcentaje de preñez, a pesar de la seca, se debió a que el estado corporal
de las vacas permitió sobrellevar bien el período de crisis y, por lo tanto, seguir ciclando y
preñando casi de una forma normal”.
Uriarte destacó la mejora en el manejo sin grandes inversiones, ajustando simplemente
decisiones y manejo. “Ahora es más común ver vacas de cría o preñadas en mejoramientos o
zonas agrícolas, lugares donde antes había animales de recría o en engorde”. Hoy la
rentabilidad que produce una vaca de cría es muy competitiva con respecto a categorías de
engorde.
Atender más la vaca, no solo implica suplementar a los animales para mejorar la recría sino
hacer un buen control de amamantamiento para que la vaca no sufra mucho, atender a los
terneros antes para llegar a los pesos que pide la exportación, etc. Uriarte recordó lo que
sucedía años atrás, con la inseguridad que tenía el negocio. “Después de entorar una vaca
había que esperar 9 meses para que naciera el ternero y 6 meses más para venderlo cuando
todos lo hacían. Esto implicaba que bajaba el precio. La desazón era terrible. Hoy eso se ha
reducido muchísimo. Se pueden programar inversiones en la recría del ternero, con un
compromiso de venta y hasta de precios en el momento en el que se está definiendo la
alimentación que se le va a dar al ternero y a la vaca”. Además, destacó que hoy se suman
opciones para la hembra, como lo es el mercado para las razas Angus y Hereford. “Es otra
buena opción para justificar y mejorar los índices de parición. Por eso deberíamos pensar en
mayores inversiones por el lado de la alimentación”.
Sobre los cuestionamientos hacia la exportación en pie, el integrante de la Federación Rural
sostuvo que la razón de fondo para que el tema se haya puesto nuevamente sobre la mesa
responde a intentar recuperar poder negociador por parte de la industria, perdido en los
últimos años. “La solución no pasa por limitar la exportación de ganado en pie, es todo lo

contrario. Tenemos que apostar a producir más terneros y exportar más”. Además, Uriarte
destacó que los altos niveles de colocación de animales vivos, no han provocado bajas en los
niveles de faena ni de exportación de carne. “Tenemos potencial para seguir haciéndolo. La
salida está en seguir produciendo más, mientras que las limitantes que tenemos que corregir,
no solo en la industria sino a nivel de los productores y otros sectores de la economía, está por
el lado de reducir los costos y por el acceso a mercados. Para eso nos tenemos que juntar para
tratar de corregir estas limitantes que afectan a todo el sistema agroexportador. Debemos de
poner el foco ahí”. Uriarte agregó que el argumento de que con la exportación en pie se deja
de agregar valor al producto y se pone en riesgo la mano de obra industrial, tampoco se
justifica ya que aseguró que los productores criadores son básicamente productores chicos.
“Son muchos más que la mano de obra que ocupa la industria. Si se limitara la exportación,
estos productores se quedarían sin su principal rubro de ingreso. Por eso hay que mirar juntos
hacia adelante y proyectarnos, corrigiendo precios y necesidades, y mejorando los accesos a
los mercados”.
Sobre el momento del sector, Uriarte destacó que el mercado exterior está muy ávido por los
productos uruguayos, y “está en un buen momento, no excelente como en el 2013, pero por
arriba del promedio. Las limitantes son internas. El sector ganadero dentro del rubro
agropecuario está pasando por un buen momento, mejor que la lechería, la agricultura o el
arroz, pero no está para tirar manteca al techo”. De todas formas, sostuvo que es necesario
que el productor trabaje con “más soltura”, para poder aprovechar el potencial productivo y
biológico que el sector tiene y que significaría ingresos muy importantes.
“Si llegáramos a producir 3 millones de terneros, eso implicaría un ingreso adicional de 1.000
millones de dólares. Las señales de afuera son promisorias, debemos de ser optimistas por las
posibilidades que tenemos para desarrollar nuevos productos como la exportación en pie de
vaquillonas a China. Pero mejorando el acceso podemos optimizar la ecuación financiera del
país”.
Sobre la integración de la ganadería con la agricultura, Uriarte sostuvo que, en el caso de la
recría y la invernada, la sinergia debería ser mucho mayor a la que hay, a través de la
utilización de puentes verdes, de rotaciones de pasturas con cultivos, a través de la utilización
de sub productos agrícolas, utilizando cultivos forrajeros que hay que hacer por la Ley de
Suelos, etc. “Ese es el camino a seguir y no tenemos que tener dudas. Lo mismo con los
corrales manejados de forma estratégica. Hay que ponerle mucha fuerza porque la tecnología
y el conocimiento están, es un tema de decisión”. Uriarte destacó que esta sinergia es muy
necesaria para disminuir los riesgos de la agricultura y para recuperar la capacidad competitiva
de la invernada.