HUELLA DE CARBONO EN LA GANADERÍA

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HUELLA DE CARBONO EN LA GANADERÍA
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  • La necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero pone sobre la mesa un tema que para muchos es nuevo, como la compra de bonos de carbono y el mercado que existe en torno a él. La noticia adquirió más relevancia cuando se conoció que Microsoft compró bonos de carbono como forma de mitigar sus propias emisiones de gases de efecto invernadero. Esta compra fue hecha a una empresa ganadera australiana que había capturado del suelo, a partir de sus técnicas de pastoreo rotativo, unas 40 mil toneladas de dióxido de carbono. Lo cierto es que cada vez más las empresas a nivel mundial están adoptando políticas de Responsabilidad Social Empresarial para ser “carbono neutrales”, es decir, dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera. Como toda actividad humana genera huellas de carbono, por más que se tomen medidas para bajarlas, no se puede llegar a cero por lo cual, como forma de compensar esto, las empresas salen al mercado a comprar certificados de carbono.
    Un bono de carbono es una tonelada de CO2 absorbida de la atmósfera en el caso de la forestación, o evitada de ser emitida en el caso de una energía renovable. Por lo tanto, el bono es un mecanismo de compensación. En el caso de la forestación, una tonelada de carbono es certificar una tonelada de CO2 de la atmósfera. Esto se materializa a través de un bono que luego se comercializa.
    En el rubro forestal ya existe más experiencia con respecto al secuestro de carbono, su certificación y su transformación en bonos que luego son vendidos en el mercado internacional, pero el sector ganadero lentamente está incursionando en este rubro. En este sentido, Carbosur es una empresa uruguaya que desde hace 20 años se ha especializado en desarrollar estos certificados. Álvaro Pérez del Castillo, director de la misma explicó que cuando en 2006 nadie hablaba de esto, Carbosur le ofreció a varias empresas forestales que estaban invirtiendo en Uruguay, presentarse en un mercado voluntario de carbono. En aquel entonces se identificó a una región del país como Cerro Largo y Treinta y Tres, la más alegada de los puntos de entrega de la madera, que además tenía un riesgo adicional de invertir lejos de los mercados, dándole la posibilidad de presentar estos proyectos en los mercados voluntarios de carbono. “Obviamente era un desafío enorme y una inversión muy importante para las empresas, pero presentamos estos proyectos, cumplimos con estos procesos que son muy exigentes y logramos que esa forestación, además de generar madera y otros subproductos, genere certificados de carbono”. Recordó que, si bien pasaron muchos años sin vender ni un certificado, como son temas de moda y de Responsabilidad Social Empresarial, hoy el mercado se comenzó a mover.
    El director de Carbosur destacó que la forestación en Uruguay secuestra carbono atmosférico, aunque no todas las empresas pueden presentarse a estos mercados voluntarios ya que deben cumplir con determinados requisitos.
    En una entrevista realizada por Teledoce, el especialista sostuvo que la ganadería tiene el gran desafío de bajar las emisiones de gases de efecto invernadero por kilo de carne producida. “Uruguay en ese tema tiene un problema y cada vez más, los compradores de carne en el mundo van a pedir la huella de carbono, es decir, cuánto se emitió por el kilo de carne que se está comprando”, puntualizó. Se han hecho muchos estudios y hay datos al respecto. A su entender, el sector ganadero debería buscar sinergias con el sector forestal para que los establecimientos agropecuarios puedan ir bajando las huellas de carbono.
    En el caso de la forestación, al comenzarse a partir de un campo de pradera degradado como lo son las pasturas uruguayas, al plantarse árboles de rápido crecimiento, el stock de carbono es importante y fácil de medir. En el caso de la ganadería es mucho más caro medir el nivel de carbono en el suelo, además de que no se absorbe por hectárea de la misma manera que en la forestación. Si bien Pérez del Castillo reconoció que es necesario analizar si al productor ganadero le sirve invertir en este tipo de proyectos, si los mercados se ponen cada vez más exigentes en este aspecto lo van a tener que hacer.
    Lo cierto es que cada vez más las empresas a nivel mundial están adoptando políticas de Responsabilidad Social Empresarial para ser “carbono neutrales”, es decir, dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera. Para eso, por ejemplo, parten del análisis de cuántos gases han emitido en los últimos 3 años y toman medidas para disminuir esas huellas de carbono. Como toda actividad humana genera huellas, por más que se tomen medidas es imposible bajarlas a cero, y como forma de compensar la diferencia, salen al mercado a comprar certificados de carbono, explicó. “De esta forma, se entrega un diploma que certifica la entrega de x cantidad de toneladas para neutralizar las emisiones del año 2020, por ejemplo”.
    Consultado sobre si esto es solamente para limpiar la imagen de una empresa, el especialista aclaró que tampoco está bien visto que se analice cuántos gases se emiten y se compren bonos por la misma cifra. “Está bien visto que la empresa haga todo lo posible para bajar sus emisiones y que, para el saldo que le queda, compre certificados”. El hecho de comprar certificados implica apoyar un proyecto que sí captura CO2 de la atmósfera, es decir, que tiene un impacto positivo en el ambiente.
    La noticia de que una empresa ganadera australiana haya sido la primera en vender un bono de carbono y justamente a Microsoft sorprendió al mundo. El diálogo con el programa En Perspectiva, Pérez del Castillo señaló que la sorpresa fue que, si bien Microsoft podría haber hecho la compra en el mercado voluntario, lo hiciera a precios del mercado regulado australiano que es mucho mayor. La explicación podría estar dada por el lado de que no hay muchos proyectos ganaderos presentados en los mercados voluntarios.
    Pérez del Castillo destacó que actualmente hay dos mercados de carbono; uno regulado donde están todos los países que se juntan buscando soluciones a este tema para poder financiarse y recibir “algo” con respecto a la venta de los certificados; y por otro están los mercados voluntarios, que como lo dice su nombre es voluntario, y donde cada empresa puede ingresar a la plataforma web donde están los proyectos que es www.verra.org y seleccionar el proyecto que más le guste. “Tampoco es un tema de vender caramelos. Hay estudios muy serios detrás de esto”, puntualizó.
    Carbosur se encarga de llevar a cabo toda la documentación para presentarles a los auditores internacionales, los cuales deben validar el proyecto en función de si cumple o no con la reglamentación necesaria. Posteriormente está la etapa cuantitativa donde se analizan cuántos certificados tiene, es decir, en el caso del sector forestal, se mide el crecimiento de los árboles ya que en su proceso de crecimiento éste transforma el CO2 en madera, y por diferentes ecuaciones se llega a la cantidad de toneladas de CO2 que el bosque tiene secuestrados.
    La unidad de medida de los certificados es el VCU (Unidad de Carbono Verificada) la cual pasó de 0,4 dólares por tonelada cuando comenzó a funcionar Carbosur a 1,5 -2 dólares actualmente, cifra que Pérez del Castillo señaló que sigue subiendo. La transacción de estos certificados es muy similar al mercado de valores, agregó.
    Pérez del Castillo destacó que Uruguay tiene muchas ventajas en este mercado por lo que ha sido el desarrollo del sector forestal, ya que se plantaron más de un millón de hectáreas de rápido crecimiento como los eucaliptus o los pinos en praderas naturales degradadas, generando un stock de carbono secuestrado muy importante por cada hectárea que se plantó. Señaló que existen pocos proyectos a nivel mundial que secuestran los niveles que obtienen los proyectos uruguayos. Graficó que mientras la empresa australiana había capturado 40.000 toneladas de carbono, los proyectos forestales uruguayos secuestran entre 3 y 7 millones de toneladas. En el caso de la ganadería reconoció que el país debe avanzar a mayor velocidad de lo que lo está haciendo. A su entender, hay que buscar sistemas productivos integrados o pastoreos rotativos que permitan secuestrar más carbono en el suelo y así bajar la huella de carbono de la ganadería.
    Carbosur llegó a desarrollar ocho proyectos forestales en Uruguay y en estos momentos administra el componente de secuestro de carbono de tres proyectos grandes que abarcan unas 20 millones de toneladas.
    Si bien depende del estado del bosque, una plantación típica de eucaliptus o pinos secuestran en el punto máximo unas 700 toneladas de carbono, de las cuales se pueden vender unas 350 toneladas por hectárea una sola vez en la vida, puntualizó Pérez del Castillo.

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  • 2021-03-23

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